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Qué significa CRAI, la nueva biblioteca

Puntualmente, CRAI es la sigla de «Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación».

Es, de manera general, un concepto que -luego de más de 15 años- comienza a tomar relevancia y presencia en las instituciones de educación superior, especialmente en los proyectos que buscan la transformación de sus bibliotecas universitarias.

La Universitat Rovira i Virgili (s.f) define el CRAI como un espacio que aglutina los servicios de apoyo al aprendizaje, la docencia y la investigación, relacionados con la información, las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) y las Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento (TAC).

Para comprender con mayor suficiencia el concepto, analicemos cada elemento.

El CRAI como centro

Como se mencionó, el concepto CRAI involucra la creación y disposición de un espacio o entorno.

Este puede ser físico o virtual. Aunque, considerando las TIC y las TAC, necesariamente la estrategia debe buscar la creación de entornos híbridos, es decir (aunque suene redundante), espacios físicos y virtuales que guarden coherencia y cohesión entre sí.

Asimismo, hablar de Centro supone -desde lo comunicativo- pensar en espacios que sirvan como puntos de encuentro y referencia. Por ejemplo, el Centro de la Ciudad es un entorno donde convergen diferentes públicos.

Sin embargo, apelando a reflexiones presentadas por el teórico de la comunicación Jesús Martín-Barbero, las ciudades, en la medida que se van expandiendo, generan otros Centros.

Estos nuevos Centros se entienden como «burbujas». Allí se concentran todos los servicios y productos que requiere la ciudadanía para su convivencia y productividad.

Esto evita el «viaje» hasta el Centro de la Ciudad; no hay que salir de la «burbuja».

Regresando a la academia, las «burbujas» se entienden desde las instituciones multicampus, donde se espera que cada uno de ellos sea lo suficientemente autónomo en sus procesos misionales.

Sin embargo, no hay que desconocer que, en algunos o muchos momentos, el público de un campus puede migrar temporal o permanentemente a otro. Así, la movilidad y flexibilidad son cualidades que deben estar presentes en la estrategia CRAI.

Por último, ser Centro supone la construcción y presencia de una marca, con la que los públicos pueden sentirse identificados. Al final, excepto que sean turistas curiosos, los ciudadanos habitan espacios en los que se reconocen.

No en vano, por ejemplo, muchos de los eventos culturales, sociales y políticos se realizan en los centros de las ciudades o plazas principales de los territorios.

En resumen, el CRAI -como Centro- se entiende como un grupo de espacios híbridos que se conectan entre sí, generando identidad y sirviendo como puntos de encuentro para diferentes públicos.

Ahí está el primer reto para las universidades.

El CRAI desde los recursos

Recuperando la descripción de la Universitat Rovira i Virgili y procurando ser más didáctico, a través del uso de una figura retórica, el CRAI se podría entender como un mercado o marketplace (para quienes prefieren el uso de anglicismos) que ofrece servicios y productos para los diferentes públicos de la institución.

Lo anterior permite reflexionar sobre tres dimensiones: oferta, servicios y productos, y públicos.

La oferta CRAI

Continuando con el símil del mercado, el CRAI se ocupa de proveer diferentes elementos a sus públicos.

La oferta del Centro no solo va sobre la presentación y disposición de estos en una «vitrina». Por ejemplo, para entenderlo desde la academia, no es suficiente llevar libros, revistas y periódicos hasta los anaqueles de la biblioteca.

La adquisición del material bibliográfico, continuando con el ejemplo, exige un conjunto de tareas que van más allá de lo anterior. Aquí los bibliotecólogos tienen la palabra.

Sin embargo, me atrevo a dar un par de ideas: los recursos deben indexarse, agruparse semánticamente, disponerse a través de un sistema de consulta usable y establecer un servicio de asesoría bibliográfica.

Pensando desde la comunicación, el mercadeo y la publicidad, todo marketplace supone el diseño y ejecución de una estrategia de publicación y distribución de la oferta.

Preguntas orientadoras, que invito extrapolar al escenario académico, pueden ser:

  • ¿Qué productos y servicios esperan los clientes? ¿estos responden a la oferta de valor de la empresa?
  • ¿Cómo promocionar la promesa de venta y la experiencia que se une a ella?
  • ¿Qué tanto saben los clientes sobre la oferta? Por ejemplo, cuando Steve Jobs presentó el iPad, ¿los compradores potenciales sabían qué hacer con este dispositivo?
  • ¿Cuáles son las características, requisitos y exigencias y beneficios de los productos y servicios? ¿cómo comunicar lo anterior?
  • ¿Cómo garantizar la disponibilidad de la oferta? Al menos, permitir la consulta del stock.
  • ¿Cuánto está dispuesto a pagar la clientela por adquirir los productos y servicios?
  • ¿Qué mecanismos de compra y crédito están disponibles?

Estas preguntas (y muchas más asociadas), seguro, pueden ajustarse a una biblioteca y la implementación de un proyecto CRAI.

Los servicios y productos CRAI

Iniciar con la invitación: los servicios y productos del CRAI no solo son académicos. Esto si se quiere dar un paso adelante en la concepción y el aprovechamiento de las bibliotecas universitarias.

No se trata de omitir u opacar los servicios bibliotecarios tradicionales. Incluso, estos son un punto de partida. Y para evidenciarlo, anotemos los servicios que ofrece la Biblioteca Pública Piloto – BPP (Medellín, CO).

  • Afiliación y préstamo.
  • Renovación de material.
  • Reserva de material.
  • Préstamo interbibliotecario.
  • Alquiler y préstamo de espacios.

Lo anterior se soporta en sistemas de información, que también son parte de los servicios y productos CRAI.

Continuando con la BPP, los sistemas son:

  • Asesoría bibliotecaria.
  • Catálogo en línea.
  • Mega buscador.
  • BPP digital.
  • Biblioteca digital de MDE.
  • Libros digitales.
  • Biblioteca para niños.

Además, se suman los canales de comunicación, conectando con la reflexión sobre la oferta del CRAI:

  • Sitio web.
  • Página Facebook.
  • Perfil Instagram.
  • Perfil Twitter.
  • Canal YouTube (videos).
  • Canal SoundCloud (podcast).

Estos servicios y productos de una biblioteca tradicional, que bien pueden ser informativos, formativos y de entretenimiento (por su estrategia para redes sociales), son un punto de partida para el CRAI. Como se mencionó, no se están omitiendo u opacando.

Lo que propone el CRAI es aumentar la oferta de estos, considerando las reflexiones sobre el concepto de Centro.

Así, el CRAI puede considerar las siguientes ideas:

  • Laboratorios de experimentación y aprendizaje.
  • Salas de trabajo colaborativo (coworking) y relacionamiento (networking). ¡Porque debe ser válido hablar en voz alta en el CRAI!
  • Espacios para pausas activas y entretenimiento.
  • Cabinas para la producción de podcasts.
  • Colección de aplicaciones y dispositivos electrónicos para la producción de recursos educativos y medios didácticos.
  • Auditorios para presentaciones y desconferencias.
  • Genius Bar (concepto de Apple, para referirse al soporte técnico que proporciona la empresa).
  • Expertos de Producto (programa Google que reúne a usuarios expertos y entusiastas por la marca, para que orienten a otros usuarios en el uso y aprovechamiento del ecosistema digital de la empresa).
  • Estación de comida o cafetería.

La lista puede ser más amplia. El reto está en identificar cuáles servicios y productos conectan con el quehacer y la filosofía de la institución.

Experiencias internacionales

Para hacer más tangibles las ideas anteriores, comparto -brevemente- dos experiencias:

La primera va sobre una visita que realicé a las oficinas de Google Irlanda.

Tuve la oportunidad de conocer varias de sus sedes ubicadas en el centro de Dublín. En una de ellas, en cada uno de los niveles, la empresa dispone de espacios de entretenimiento y zona de alimentación para los Googlers.

En detalle, cada planta cuenta con una sala de videojuegos (con títulos de Microsoft y Sony), una mesa de billar, juegos de mesa y otras opciones más. Asimismo, se ubica una cocina, que permanece dotada con cereales, frutos secos, bebidas frías y calientes.

Y lo más sorprendente: el segundo nivel es una zona de comidas, barra libre para los empleados Google, donde pueden solicitar cualquier tipo de comida.

¡Sí, hay que extrapolar esto a las condiciones de cada institución educativa!

Y la segunda experiencia va sobre una instancia académica que realicé en Nueva Zelanda.

Durante varios meses fui estudiante de Wintec, una institución privada. Su sede principal -que es un campus abierto- se construyó alrededor de HUB, el equivalente a un CRAI.

El HUB de Wintec es un edificio de tres niveles (posiblemente no lograron más por temas de seguridad sismológica), donde se ofrecen servicios bibliotecarios, espacios para el trabajo individual y colectivo, conectividad eléctrica y datos de alta velocidad, salones y cabinas de estudio, cafetería y zona de descanso (que se aprovecha para actividades de intercambio cultural).

El HUB, con algunas restricciones, está abierto las 24 horas del día durante toda la semana: 24/7.

Los públicos CRAI

Para finalizar la reflexión alrededor de los recursos del CRAI, es necesario conocer los públicos que son impactados por esta estrategia.

En términos de la administración de empresas, hay que identificar, describir, conocer y conectar con los stakeholders.

Los públicos naturales de una biblioteca universitaria son estudiantes, profesores e investigadores. Alrededor de ellos se diseña el portafolio de productos y servicios.

Sin embargo, las experiencias CRAI que se han implementado en diferentes instituciones educativas apuntan al concepto «democratización de la información y el conocimiento». En ese orden, es prudente invitar a nuevas audiencias.

Un primer grupo está compuesto por los jóvenes y adultos aspirantes, el personal administrativo y las directivas, los alumni (como algunas instituciones identifican a sus graduados y egresados) y la comunidad en general.

Sin embargo, el panorama puede ser mucho más amplio. Como lo proponen Post, Preston & Sachs (2002), la audiencia se extiende a:

  • Personal de apoyo.
  • Gobierno universitario.
  • Centros de investigación.
  • Sector productivo.
  • Consejo de rectores.
  • Ministerios de educación, ciencia y tecnología.
  • Otras universidades.
  • Gremios profesionales.
  • Medios de comunicación.
  • Organizaciones no gubernamentales.
  • Partidos políticos.
  • Fundaciones.
  • Escuelas y liceos de educación básica y secundaria.
  • Asociaciones de vecinos.
  • Municipios y otros territorios.
  • Gobierno regional.

Al igual que la oferta de servicios y productos, el diseño y la implementación de una estrategia CRAI no exige atender a todas las ideas que este texto expone.

La tarea del equipo CRAI es definir a dónde se dirigen los esfuerzos. Para ello, recomiendo iniciar con las reflexiones que propone el Modelo Canvas.

En el canal YouTube «Escuela Digital» puedes encontrar más videos sobre el tema.

Asimismo, considerar los perfiles profesionales que se han mencionado: bibliotecarios, comunicadores, diseñadores, administradores, pedagogos, entre otros.

El CRAI desde el aprendizaje y la investigación

Estos Centros de Recursos tienen como propósito servir en el aprendizaje y la investigación, utilizando las informaciones y diferentes tecnologías como soporte.

En otras palabras, el CRAI se sirve del material bibliográfico, los sistemas de información y la oferta de aplicaciones electrónicas para apoyar, directa o indirectamente, los procesos misionales de la universidad.

Y aquí es necesario hacer una pausa para ampliar la reflexión sobre el material bibliográfico. Este se entiende como la colección de recursos educativos y medios didácticos presentes en formato físico y digital.

Pero, además, como aquel que se logra a partir de la interacción entre el humano y la máquina (o la máquina autónoma). Sencillo: la Inteligencia Artificial.

Se suma, a los retos del CRAI, la prestación de servicios y productos que permitan a los públicos mejorar sus procesos de aprendizaje e investigación, a partir de la Inteligencia Artificial, que va mucho más allá de Chat GPT, Dall-e y Bard.

Regresando a la reflexión de esta sección, la estrategia CRAI deberá integrar o integrarse a estrategias propias del aula de clase y el laboratorio de investigación. Esto es:

  • Ser parte explícita del syllabus, conectando con el diseño microcurricular de cada curso y laboratorio.
  • Servir como espacio para la comunicación (intercambio y puesta en común de ideas, experiencias y conocimientos) entre estudiantes, profesores y demás invitados a las sesiones de docencia.
  • Disponer de un catálogo y herramientas que optimicen los procesos de evaluación diagnóstica, formativa y sumativa.
  • Ofertar programas de capacitación, entrenamiento y formación que complementen la oferta académica e investigativa.
  • Entre otras ideas que se han mencionado anteriormente (de manera implícita), como la creación de comunidades de aprendizaje, investigación, desarrollo e innovación.

Es crítico para cualquier estrategia CRAI no perder su norte: el aprendizaje y la investigación.

A modo de cierre

Definitivamente, diseñar y ejecutar un Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación no es tarea sencilla:

  • Las ideas y posibilidades son múltiples, pero se debe ser estratégico en la definición de cobertura y alcance.
  • El equipo de trabajo requerido es transdisciplinario. ¿Cómo lograr que unos y otros se pongan en común y avancen hacia el mismo lado?
  • Existe un temor -apenas esperado- por lo nuevo. ¿Acaso desaparece el concepto de biblioteca? ¿muta? ¿continúa? ¿es alterno?
  • Transformar y ampliar escenarios físicos y virtuales exige tiempo e inversión. ¿Qué hacer? ¿cuándo iniciar? ¿hasta dónde desarrollar? ¿y, especialmente, cuánto cuesta?

Estas preguntas, como en cualquier proyecto productivo, tienen respuestas tan diversas como escenarios, voluntades, necesidades y expectativas habitan en la sociedad. Es tarea de cada universidad conformar su equipo de trabajo y comenzar la búsqueda de ellas.

Por lo pronto, este texto pretende ser un punto de partida para la definición, discusión y puestas en común sobre los nuevos y ya desarrollados Centros de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación – CRAI

Bibliografía

  • Biblioteca Pública Piloto. (s.f.) Nuestra misión y visión. Disponible en Bibliotecapiloto.gov.co.
  • Desiderata (2020). ¿Qué es un CRAI? Desiderata. 15. 62-65.
  • Estrada, M. (2015). Las Bibliotecas también se llaman centro de recursos para el aprendizaje y la investigación (CRAI). Disponible en Infotecarios.com.
  • Oliva, C., & Sánchez, M. (2015). Los CRAI como referentes de acceso a la información en universidades españolas. Opción, 31(3), 922-943.
  • Post, James & Preston, Lee & Sachs, Sybille. (2002). Managing the Extended Enterprise: The New Stakeholder View. California Management Review. 45. 6-28. 10.2307/41166151.
  • Universitat Rovira i Virgili. (s.f). Qué es el CRAI. Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación (CRAI). Disponible en Crai.urv.cat.

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Por:
Juan Carlos Morales S.
Comunicador y educador
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